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viernes, 24 de mayo de 2013

Ese grande(s) conocido.


 Ayer soñé que cogía un bebé y me desperté con el instinto materno a flor de piel. Pero tranquilos, esta entrada no va sobre bebés, ni sobre ser madres, va de publicidad, ese grande(s) conocido, (¡bravo, fenómeno!) porque el número de anuncios que vemos al día....tiene que ser bastante: la tele, Internet, la calle, el periódico. Y diréis, ¿qué hace una foto del arco del Triunfo? Me gusta el osito, es viernes y tengo unos grados de fiebre. Sabréis perdonarme. 

La publicidad es una forma de comunicación que tienen las empresas, y es desde mi punto de vista, todo un arte digno de apreciar. La publicidad son emociones, la publicidad son los grados de temperatura que puede subir o bajar, la publicidad es piel de gallina. Todos los anuncios, todos, transmiten algo, una idea con la que te quedas y con la que asocias el producto. Hay conceptos que nos suenan a todos de haber oído, estudiado, vivido: publicidad subliminal y publicidad engañosa. Me remito a los cientos de miles de artículos en la red, insisto en que es viernes.


Me gusta la publicidad impactante, las campañas impactantes como el "te da alas" de Red Bull, en general, todas las de Coca-cola (bestial las campañas de Coca-cola, uno de mis sueños es poder trabajar en una, creo que tendría futuro, porque me sobra la chispa) o las del Atlético de Madrid que consiguen ponerte la piel de gallina y otras tantísimas que son a su manera, impactantes. 

No solo es lo que dices, sino cómo lo dices, y sé que una foto del arco Triunfo tomada de un coche en movimiento con una cámara de móvil es difícil que impacte, ni el propio artículo, que sería inclasificable como género literario, pero igual al paso que están yendo las cosas y si no quitan la Selectividad acaba siendo uno de los textos comentarios de Lengua.

La idea de la publicidad es fácil de entender pero difícil de llevar a cabo: hay tantísimas personas en el mundo que es difícil que una sobresalga, destaque... impacte. Algo similar ocurre con los productos y servicios (sin ánimo de equiparar una persona a un producto), hay tantísimos que es difícil hacer que uno te haga sonreír o llorar, o suspirar... emocionarte, y más tarde, quizás, que el consumidor compre el producto, que aunque sea el fin último que tiene la empresa, me gusta pensar que la publicidad es la parte artística en la que se da rienda suelta a la imaginación y en la que lo importante es dejar huella.

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